Este tríptico está formado por tres tablas de skate hechas de madera de arce canadiense de 7 capas, grado A.
© 2022 Herederos de Josephine N. Hopper / Licenciado por Artists Rights Society (ARS), Nueva York
Edward Hopper es famoso por capturar la soledad urbana y la luz de Nueva York, y su obra City Roofs (1932) es un ejemplo destacado. Este óleo sobre lienzo ofrece una vista única de la ciudad desde una azotea, mostrando edificios, chimeneas y antenas en una composición que equilibra geometría y realidad.
En City Roofs, Hopper demuestra su habilidad para transmitir la quietud y el aislamiento incluso en medio de la densidad urbana. La obra no incluye figuras humanas; en cambio, la ciudad misma se convierte en protagonista, iluminada con la característica luz dramática de Hopper. El contraste entre superficies claras y sombras profundas aporta profundidad y volumen, mientras que los tonos cálidos y fríos generan una atmósfera serena y contemplativa.
La perspectiva elevada permite al espectador observar la ciudad desde un punto intermedio entre cercanía e introspección, resaltando la soledad urbana y la belleza de lo cotidiano. Hopper también juega con la abstracción de los techos y estructuras, transformando elementos comunes en formas casi geométricas, un rasgo que conecta su trabajo con la pintura moderna sin perder la conexión con la realidad.
En resumen, City Roofs de Edward Hopper es un estudio visual de luz, forma y silencio que refleja cómo la ciudad puede ser a la vez familiar y alienante. Esta obra captura la esencia de la soledad moderna, ofreciendo un espacio de contemplación en medio del bullicio urbano y consolidando a Hopper como uno de los grandes cronistas de la vida en la ciudad.