Portrait of artist Yoshitomo Nara

Yoshitomo Nara

Yoshitomo Nara (奈良美智, Hirosaki, 1959) es uno de los artistas japoneses con mayor influencia en el panorama artístico actual. Niños cabezones de mirada penetrante pueblan sus lienzos y esculturas, imágenes que han desbordado los límites del mundo del arte hasta convertirse en un fenómeno cultural sin fronteras.

Infancia en Aomori: soledad, naturaleza y ondas de radio

Nara creció en Hirosaki, una pequeña ciudad de la prefectura de Aomori, en el extremo norte de Honshū. Sus padres trabajaban muchas horas fuera de casa, así que el pequeño Yoshitomo aprendió a valerse solo desde muy pronto. Los japoneses tienen una palabra para críos como él, kagikko, niños con llave que vuelven del colegio a un hogar vacío y se acostumbran a hacerse compañía a sí mismos. Ese trato temprano con la soledad recorre cada uno de sus cuadros. Basta fijarse en cualquiera de sus figuras para encontrar un ser autosuficiente que te sostiene la mirada con un aplomo que podría ser valentía o, con la misma facilidad, fragilidad.

Fue durante aquellos años solitarios cuando la música occidental llegó a él a través de la Far East Network (FEN), la emisora de las fuerzas armadas estadounidenses. El rock, el folk y más tarde el punk le dieron un lenguaje con el que sentir antes de que la pintura lo hiciera. Siendo niño compró su primer disco, Suzie Q, y ha repetido muchas veces que las portadas de los vinilos fueron su primera galería de arte. Con el tiempo, diseñaría carátulas para Shonen Knife, R.E.M. y Bloodthirsty Butchers, y cada exposición que monta va acompañada de una lista de reproducción elaborada por él mismo.

Formación: Aichi y la Kunstakademie Düsseldorf

Tras licenciarse (1985) y completar el máster (1987) en la Universidad Prefectural de Bellas Artes y Música de Aichi, Nara se trasladó a Alemania para matricularse en la Kunstakademie Düsseldorf, la misma escuela que había formado a Joseph Beuys y Gerhard Richter. Bajo la tutela del pintor neoexpresionista A.R. Penck (1991–1993), recibió un consejo que no olvidaría: «Pinta sobre el lienzo como si estuvieras dibujando». De ahí surgieron esas figuras rotundas y despojadas, cabezas grandes sobre fondos desnudos, que el mundo del arte aprendería a reconocer al instante.

La muestra anual de alumnos de la Kunstakademie, en 1992, sirvió de escaparate para The Girl with the Knife in Her Hand (1991), un cuadro que condensaba la tensión presente en toda su obra. Una niña aparentemente inocente sujeta un cuchillo diminuto, un gesto que el artista no interpreta como agresión sino como defensa frente a un mundo adulto amenazante. Terminados los estudios, Nara se instaló en Colonia en 1994 y montó su taller en una antigua fábrica de algodón. Aislado por la barrera idiomática, convirtió la pintura en una conversación consigo mismo, y fue en aquella soledad donde apareció por primera vez la mirada que la gente recuerda mucho después de salir de la sala.

Regreso a Japón y reconocimiento internacional

Doce años más tarde, Nara volvió a Japón. I DON'T MIND, IF YOU FORGET ME. se inauguró en el Museo de Arte de Yokohama en 2001 e itineró por cinco sedes japonesas, incluida Hirosaki. Por las mismas fechas, el MoMA de Nueva York adquirió 130 de sus dibujos, y la retrospectiva itinerante Nothing Ever Happens (2003–2005) consolidó su reputación en Estados Unidos. Dentro de la ola del «New Pop» japonés, compartió cartel con artistas como Takashi Murakami, Makoto Aida y Mariko Mori, aunque siempre se distinguió por un tono más recogido y autobiográfico.

Nara y el movimiento Superflat

La crítica suele vincular a Nara con el movimiento Superflat teorizado por Takashi Murakami, que disuelve las fronteras entre el arte clásico japonés, la cultura manga y anime y la estética del consumo globalizado. La comparación solo es parcialmente acertada. Murakami dirige una operación casi empresarial con grandes equipos de producción. Nara trabaja solo, y lo que sale de sus manos se parece más a una página de diario, nacida en largas horas de aislamiento en su estudio de Nasushiobara.

Aun así, Nara se ha acercado de forma directa a la tradición artística japonesa. Junto al artesano Yasu Shibata (2010–2022), produjo mokuhanga, grabados en madera según la técnica del ukiyo-e. Ya en 1999, una serie de dieciséis piezas titulada In the Floating World mezclaba motivos punk con imaginería del periodo Edo. Artistas más jóvenes, como Roby Dwi Antono, reconocen abiertamente la huella de Nara en su propio trabajo.

El terremoto de 2011 y un cambio de registro

Todo cambió el 11 de marzo de 2011. El gran terremoto del este de Japón, seguido del tsunami y del desastre nuclear de Fukushima, sacudió a Nara hasta los cimientos. De vuelta en Hirosaki, él y su madre reunieron enseres para las familias desplazadas. Organizó talleres y donó obra para subastas benéficas. Pero durante meses fue incapaz de pintar. «Estaba tan hundido que no podía evitar sentir que todo lo que había hecho carecía por completo de sentido», recordó tiempo después.

Cuando por fin retomó los pinceles, algo había cambiado. Los gestos airados dieron paso a rostros contemplativos, de párpados entornados. Las capas de pintura se multiplicaron y los colores se volvieron más suaves. Obras como Blankey (2012) e In the Milky Lake (2011) reflejan ese nuevo registro: la rebeldía ha dado un paso atrás y en su lugar se ha instalado una serenidad cargada, reposada.

Más allá de la pintura

Pintura y dibujo siguen siendo el eje de su práctica, pero Nara también trabaja la escultura en madera, fibra de vidrio, bronce y cerámica, además de construir instalaciones a escala real: casetas, cabañas y pequeñas habitaciones concebidas como refugios para contemplar el arte de cerca. Una residencia artística en Shigaraki en 2007, cuna de una de las seis grandes tradiciones cerámicas de Japón, abrió un camino nuevo. De allí salieron piezas de arcilla rugosas y táctiles que dejan ver la mano que las modeló. La fotografía también tiene su hueco. Un viaje a Afganistán en 2002 se tradujo en un ensayo fotográfico que subrayaba el hilo pacifista presente en toda su obra.

Exposiciones recientes y legado

Durante los últimos años, Nara ha encabezado grandes retrospectivas en el LACMA de Los Ángeles (2021), la Albertina Modern de Viena (2023) y el Guggenheim Museum Bilbao (2024), que después viajó al Museum Frieder Burda y a la Hayward Gallery de Londres. Su pintura Knife Behind Back (2000) se remató por unos 25 millones de dólares en Sotheby's Hong Kong en 2019, lo que le convirtió en el artista japonés más caro en subasta. La revista TIME lo incluyó en 2025 en su lista de las 100 personas más influyentes del mundo.

Con sesenta y seis años, Nara vive y trabaja en Nasushiobara, prefectura de Tochigi. Allí abrió en 2018 N's YARD, un pequeño espacio expositivo que funciona como prolongación de su taller. Lejos de Tokio, sigue produciendo una obra que, pese a su aparente sencillez, para en seco a quien la mira. Basta cruzarse con esos ojos grandes y sabios para notar algo difícil de definir pero imposible de sacudirse: la sensación de que esa mirada te resulta extrañamente familiar.

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