Living with Art: Neon, Prints and Design Objects

Vivir con arte: neones, obra gráfica y objetos de diseño

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Hay casas que se decoran y casas que se construyen a partir de lo que se colecciona y se vive con el tiempo. En el momento en que una obra de neón se enciende sobre un sillón de lectura, o una figura de vinilo de edición limitada encuentra su sitio en una estantería entre una primera edición y una pieza de cerámica, la habitación cambia. Deja de ser un simple escenario y empieza a decir algo sobre quien la habita. Ese es uno de los grandes placeres del coleccionismo contemporáneo: el arte ya no vive a distancia de la vida cotidiana. Se integra en ella.

Por qué las viejas reglas ya no sirven

Durante buena parte del siglo XX, el coleccionismo siguió un esquema bastante rígido. La pintura iba en la pared, la escultura ocupaba su pedestal y todo lo que tuviera que ver con la cultura popular o con una estética juvenil solía considerarse menos serio. Se esperaba que los interiores resultaran elegantes de una forma bastante estrecha y previsible.

Esa jerarquía hoy está claramente superada. Los interiores más interesantes se definen menos por la convención que por el criterio, y suelen revelar mucho más sobre la persona que los habita. Una obra de Javier Calleja, o una pieza como Heads, puede marcar el tono de una estancia con mucha más fuerza que cualquier objeto decorativo genérico.

Eso no significa que todo encaje en cualquier lugar. Un buen interior sigue dependiendo de la proporción, la colocación y cierta contención. Lo que ha cambiado es que el coleccionista dispone hoy de un repertorio mucho más amplio de piezas con las que expresar ese criterio.

Una forma más abierta de coleccionar

Una de las razones por las que el coleccionismo contemporáneo encaja tan bien en el ámbito doméstico es que los coleccionistas ya no piensan en categorías cerradas. Una misma persona puede sentirse atraída por una obra gráfica de edición limitada, una escultura cerámica, un objeto de diseño y una figura de vinilo sin necesidad de establecer jerarquías entre ellos. Lo que los une no es el medio, sino el gusto, la curiosidad y una buena mirada.

Eso ayuda a entender por qué las obras de KAWS se integran hoy con tanta naturalidad en colecciones privadas de peso. Su atractivo no depende de fingir ser otra cosa distinta de lo que son. Forman parte de una cultura del coleccionismo en la que el arte, el diseño y la iconografía contemporánea se cruzan sin complejos, tanto en casa como en el ámbito más amplio del arte urbano.

Vistas así, las piezas que rodean una estancia dejan de funcionar como simples accesorios. Empiezan a modelar el espacio de una manera más activa, y la relación entre pared, estantería y suelo se vuelve mucho más interesante.

Quien entiende que una figura de vinilo y una litografía pueden compartir el mismo plano visual sin que una anule a la otra ya está pensando más allá de la vieja división entre obra de arte y objeto coleccionable.

Cuando el mobiliario entra en juego

El mobiliario también ha pasado a formar parte de la conversación de una manera más consciente. Las piezas limitadas de diseñadores que trabajan entre el arte, la artesanía y el diseño ya no se entienden como mero fondo. Se eligen por las mismas razones por las que se elige una buena obra: autoría, calidad material y la sensación de que pueden sostenerse por sí solas dentro de una estancia.

Cuando una obra potente comparte espacio con muebles con verdadero carácter, el resultado suele ser mejor que un interior excesivamente coordinado. Una cierta tensión entre imagen y objeto, o entre fuerza gráfica y materiales más serenos, aporta textura y profundidad a la habitación. Todo parece pensado, pero sin resultar demasiado ensayado.

Obra gráfica y objetos de diseño en diálogo

Uno de los grandes placeres de disponer arte en casa está en la relación entre lo que cuelga de la pared y lo que ocupa el espacio inferior. Una obra gráfica aporta imagen y un punto de atención; una escultura introduce peso, ritmo y una interrupción. Cuando ambos elementos se combinan bien, la habitación cobra otro sentido.

Una litografía de Takashi Murakami sobre una consola produce un efecto muy concreto. Si debajo se coloca una pieza escultórica, la mirada desciende hacia la estancia y vuelve a elevarse. Ese gesto, en apariencia sencillo, convierte muchas veces la pared, de mera superficie de exhibición, en una parte activa del espacio, y esa es una de las razones por las que la obra gráfica funciona tan bien en el interiorismo.

La escala es decisiva aquí. Una pieza demasiado pequeña desaparece, mientras que una excesivamente enfática puede aplastar todo lo que tiene alrededor. También el color importa, aunque por lo general de forma más discreta: cuando la superficie de un objeto recoge una nota cromática de la obra situada encima, el conjunto queda resuelto sin parecer demasiado empeñado en demostrarlo.

Vivir con neón

El neón ocupa un lugar singular en un interior doméstico porque es, al mismo tiempo, obra de arte y fuente de luz. Cambia una estancia de inmediato, pero en casa suele funcionar mejor cuando se entiende primero como obra y solo después como atmósfera. Ese orden importa.

Las mejores piezas de neón no se eligen simplemente porque brillen bien en la oscuridad. Funcionan porque la imagen tiene suficiente fuerza para sostener la pared por sí sola. Una pieza como Basquiat's The Crown tiene exactamente esa cualidad: es directa, reconocible y lo bastante potente como para sostenerse sola. Lo mismo ocurre con Keith Haring's Barking Dog, que tiene tanta energía y claridad que casi se percibe como una línea dibujada en el aire.

La iconografía de Warhol también encuentra un lugar natural en el neón, porque ya pertenece a un mundo de repetición, envase y exhibición pública. Andy Warhol Campbell’s Soup Can funciona especialmente bien en este formato, a medio camino entre imagen pop, signo y objeto luminoso. En los tres casos, la obra gana cuando tiene cierta distancia y calma a su alrededor. El neón rara vez mejora cuando se le obliga a competir con demasiados estímulos visuales al mismo tiempo.

La colocación importa tanto como el motivo. Un buen neón suele hacer más por una estancia que varios puntos de luz más débiles. También necesita aire a su alrededor, porque parte de su efecto está en el halo que proyecta sobre la pared. Bien tratado, el neón aporta atmósfera, pero también un cierto filo.

Skate decks como obra mural

El skate deck se ha convertido en un soporte extraordinariamente eficaz para el lenguaje visual contemporáneo, no solo por sus asociaciones culturales, sino por su forma, su grosor y su presencia material. Ofrece algo que una obra enmarcada no puede dar: un formato vertical con bordes reales, profundidad real y una relación física más intensa con la pared.

Por eso los skate decks funcionan tan bien en casa. Colgados en una agrupación cerrada, pueden dar a una pared ritmo y estructura. Una selección con imágenes icónicas de Andy Warhol, Jean-Michel Basquiat o Roy Lichtenstein demuestra hasta qué punto un lenguaje gráfico rotundo se adapta con naturalidad a este formato. Un buen ejemplo es el Andy Warhol's Brillo Skate Deck, donde el imaginario pop y la condición de objeto encajan de forma especialmente lograda.

El material contribuye de manera decisiva a ese efecto. La madera de arce tiene calidez, densidad y una honestidad táctil que se vuelve aún más evidente cuando los decks se colocan junto a piedra pulida, superficies lacadas u obras sobre papel más silenciosas.

Figuras de vinilo y art toys

El mercado del art toy ha madurado hasta el punto de que sus mejores piezas pueden funcionar hoy de forma muy convincente como escultura coleccionable. Sus raíces en la cultura del juguete siguen formando parte de su atractivo, pero lo que las vuelve realmente eficaces en un interior es que aportan humor, carácter y memoria cultural sin perder presencia formal.

Eso sí, conviene tratarlas con cuidado. Dispersas sin orden por una estancia, pueden empezar a parecer accidentales. Agrupadas con intención, ganan mucha más claridad; así, una estantería deja de entenderse como mobiliario de almacenaje y pasa a funcionar como una presentación cuidada. Una combinación como BE@RBRICK Keith Haring 10 1000%, BE@RBRICK Andy Warhol Marilyn y BE@RBRICK Jean-Michel Basquiat V6 funciona porque las piezas dialogan entre sí a través de la escala, la superficie y la iconografía.

Lo importante no es simplemente poseer una figura reconocible, sino entender cómo ocupa el espacio. Las piezas de vinilo se benefician de líneas de visión limpias, de suficiente altura para no quedar absorbidas por lo que las rodea y de un entorno que ayude a definir su silueta. Una obra de KAWS, por ejemplo, se percibe de manera muy distinta cuando aparece aislada sobre un fondo liso que cuando queda encajada entre libros, lámparas y desorden. Para los coleccionistas interesados en ese cruce entre escultura, icono y objeto, la evolución de KAWS como icono ofrece un punto de partida útil.

Estas obras tienen además una ventaja tonal. Una pieza como KAWS BFF Black o KAWS Companion Grey puede rebajar la solemnidad de una estancia que haya empezado a volverse demasiado seria. Bien utilizadas, esa nota de ingenio hace que una colección se sienta más viva y bastante menos solemne.

Agrupadas con intención, las figuras de vinilo se leen como una presentación. Dispersas sin criterio, se convierten en desorden. Toda la diferencia está en la calidad de la disposición.

Cerámica, porcelana y materiales más pausados

En interiores donde conviven neón, vinilo y obras gráficas muy rotundas, la cerámica y la porcelana suelen desempeñar un papel de equilibrio. Bajan el ritmo de la estancia. Sus superficies retienen la luz de otra manera, y su historia material introduce otro tempo en la composición.

Eso se aprecia especialmente en obras que se sitúan en un territorio intermedio entre escultura y objeto doméstico. Ai Weiwei's Coca-Cola Glass Vase y Javier Calleja Pot Pop Top Flower Vase resultan sugerentes, en parte, porque conservan esa ambigüedad. No son meras formas útiles, pero tampoco renuncian del todo al lenguaje del uso.

La cerámica también exige otra clase de mirada. Mientras el neón se proyecta hacia fuera y el vinilo afirma de inmediato su silueta, la cerámica atrae la atención a través de la superficie, el acabado y el peso. Suele funcionar mejor allí donde puede verse de cerca —sobre una consola, un pedestal o una balda baja—, de modo que el esmalte, la sombra y la proporción tengan ocasión de hacerse notar.

Colocadas junto a una obra más gráfica o más lúdica, las piezas cerámicas suelen aportar la quietud necesaria. Ese contraste puede resultar más eficaz que una armonía demasiado obvia, porque permite que cada objeto afine la lectura del otro. En un interior mixto, estas piezas más calmadas suelen ser las que evitan que la estancia se esfuerce demasiado.

Cuidar la colección

Una colección doméstica también tiene necesidades prácticas, y rara vez son la parte más glamurosa de la historia. La luz sigue siendo uno de los mayores riesgos, especialmente para las obras sobre papel, la obra gráfica y otras superficies sensibles. Lo más aconsejable es evitar por completo la luz solar directa, y un acristalamiento con filtro UV puede añadir una protección extra a las obras enmarcadas. Museos y conservadores insisten también en la importancia de mantener niveles bajos de iluminación en las obras sobre papel y de evitar, en la medida de lo posible, una luz artificial demasiado intensa.

La estabilidad ambiental importa tanto como eso. El papel y la madera son especialmente vulnerables a las variaciones de temperatura y humedad relativa, de modo que una estancia fresca y estable suele ser mucho mejor que otra más espectacular. En la práctica, eso significa mantener las obras alejadas de radiadores, salidas de calefacción, zonas húmedas y paredes expuestas durante muchas horas al sol o a la condensación.

Los sistemas de colgado y los soportes merecen la misma atención. Una obra mal instalada no solo está mal presentada; también está en riesgo. En ese sentido, cuidar bien una colección forma parte de coleccionar bien, por poco romántico que pueda sonar. Para quienes quieran profundizar más, puedes consultar nuestros artículos sobre enmarcación de obra gráfica, almacenamiento y exhibición y conservación de obra gráfica.

Vivir con la colección

Lo que hace memorable a una colección rara vez es el número de obras que reúne. Más a menudo, lo decisivo es la sensación de que cada objeto ha encontrado las condiciones adecuadas para expresarse. Una estancia resulta convincente no cuando cada superficie está ocupada, sino cuando la escala, el espacio y el contraste se han medido con cuidado.

Por eso el coleccionismo contemporáneo funciona tan bien en los interiores domésticos cuando se aborda con paciencia. Un neón, una pieza cerámica, un deck o una figura de vinilo pueden transformar una habitación, pero lo hacen de maneras distintas. La verdadera habilidad está en saber qué tipo de presencia aporta cada uno y en resistir la tentación de hacer que todas las piezas hablen a la vez.

En su mejor versión, una colección doméstica hace algo más que mostrar gusto. Crea un ritmo visual que conduce la mirada de la pared a la estantería y de un objeto a otro, hasta que la estancia se siente más deliberada, más personal y mucho más viva.

Construye una colección que viva contigoExplora esculturas, neones, ediciones y objetos diseñados por artistas en toda nuestra selección, desde la lámpara de neón Head de Jean-Michel Basquiat hasta Migrants, walking New York city. New York, USA (2015) de JR o la impresionante escultura BIAS II de Roby Dwi Antono, y descubre cómo distintos medios pueden dar forma a una estancia con carácter, ingenio y contención.

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