Esta pequeña taza de porcelana lleva estampada una de las imágenes más reconocibles de Yoshitomo Nara: We Are Punks (2011), un dibujo a lápiz de una niña de cabeza redonda y aire desafiante, con la mirada a medio camino entre la nana y el grito de guerra. Esa mezcla de ternura y rabia viene de lejos: Nara creció en el Aomori rural escuchando discos de punk y folk en la radio de las Fuerzas Armadas estadounidenses, y ese eco recorre toda su producción, de los primeros cuadernos de bocetos a los lienzos de gran formato y las ediciones limitadas.
La taza está fabricada en Hasami, en la prefectura de Nagasaki, donde los alfareros llevan más de cuatro siglos perfeccionando sus técnicas de cocción y esmaltado. Y se nota: el cuerpo es blanco y depurado, ligero pero firme en la mano, con un acabado mate que deja la ilustración asentada en la superficie, sin flotar bajo una capa de brillo. Apta, además, para lavavajillas y microondas.
Termina tu café y asómate al fondo: una de las niñas de Nara te devuelve la mirada desde allí, como si hubiera llegado antes que tú y no tuviera la menor intención de marcharse. Un encuentro breve e íntimo, exactamente lo que Nara lleva décadas construyendo en su obra. Sus figuras nunca actúan para una multitud: te hablan de tú a tú, y hay pocos sitios más íntimos para ese encuentro que el fondo de una taza de café.
Con sus 200 cc de capacidad, esta es la taza para quien cree que la rebeldía llega en dosis pequeñas. Encaja a la perfección sobre la versión grande, y las dos conviven como un par de cómplices que no terminan de encajar en ningún sitio. Nara ha dicho en más de una ocasión que las portadas de disco fueron su primera galería de arte, y con el tiempo llegó a diseñar carátulas para Shonen Knife, R.E.M. y Bloodthirsty Butchers. Ese cruce entre música y artes plásticas lo sitúa en una tradición que va del plátano de Andy Warhol para la Velvet Underground a los carteles de Raymond Pettibon para Black Flag: artistas para quienes lo cotidiano pesa tanto como lo que cuelga en un museo.
Suele mencionarse a Nara junto a figuras como Takashi Murakami y el movimiento Superflat, aunque su trabajo siempre ha sido más íntimo que programático. Quien quiera saber cómo se producen y numeran las ediciones de Murakami encontrará todos los detalles en nuestra guía sobre las ediciones limitadas de Takashi Murakami, desde la litografía offset hasta la serigrafía. A quienes les atraiga el lado más delicado e inquietante de Nara les interesará también la obra de Roby Dwi Antono, tanto en escultura como en obra gráfica. Pero empieza por aquí: 200 cc de porcelana de Hasami, una niña desafiante en el fondo de la taza y toda la actitud de una canción de tres acordes.